14.10.09

Bu Dünyadaki Bir Köpeğin Hayatının İlahi Açıklamasının Hikayesi

—Molesto?
—Faltaba más.
—Se agradece.
—Me llamo Flores. De profesión guitarrero, para servirlo.
—Encantado. Ceniza. De profesión, perro.
—¿Gusta un mate?
—No acostumbro.
—Casualidá. Justo estaba yo memorando la copla aquélla de los rabos.
—¿Cuála?
—El dolor que siente el perro, cuando le cortan el rabo...
—Ah, sí. Conozco: ... es como el que siente el rabo cuando le cortan el perro.
—Ésa.
—La verdad es que de rabos, don Flores, se sabe poco.
—Poco. Se sabe que hubo fiesta en el cielo. Que ustedes se bañaron en un río que no era el Paraná, un río de allá del Paraíso...
—Y dejamos los rabos a secar en la orilla. Rabo mojado no espanta mosquitos.
—Sí. Todos los rabos en la orilla, en fila.
—Y Dios nos hizo la broma aquélla. Mandó al río crecer.
—Se desbordó, el río.
—Y tuvimos que salir de apuro. Y en el desespero, cada cual agarró el primer rabo que encontró. Y desde entonces nos andamos olfateando, en busca del rabo perdido.
—Eso está bastante divulgado, don Ceniza.
—Se lo cree la gente, y nosotros también.
—Se sabe.
—Pero no fue.
—¿Quién le dijo que no fue?
—Dios.
—Ah.
—El Gran Can.
—¿Y usted lo vio?
—Quien lo ve, queda ciego. Lo sentí. Yo estaba de espaldas y sentí lo sagrado.
—El dios nuestro se aparece poco.
—El nuestro tampoco tiene costumbre.
—Y lo eligió a usted.
—Este humilde servidor.
—Qué suerte tuvo.
—No crea. Dios me mandó revelar la verdad a los perros del mundo. Me mandó decir que nunca hubo la tal fiesta en el cielo.
—¿Y usted informó?
—¿Que no hay rabo que buscar? Yo me callé.
—Me parece adivinar, don Ceniza.
—Sí, don Flores.
—La razón de su silencio.
—Ya ningún camino me llama.
—Eso.
—Antes, yo era patialegre, era andariego. Anduve mundo. En aquel tiempo, ningún rabo era mi rabo.
—Y ahora...
—Ahora parece que voy, pero vengo.
—Suerte perra.
—Perro mundo.
—Destinos.
—¿Don Flores?
—Diga.
—Guárdeme el secreto.
—Puede confiar.
—Y cuídese del frío, don Flores. La garganta.

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